Lleno no es lo mismo que sano

Hace unas semanas colgamos el cartel de “Completo” en Augusta29. Llevamos dos meses sin un solo despacho libre. En la mayoría de los negocios eso sería, sin más, una buena noticia que celebrar. En el nuestro nos ha llevado a una pregunta más incómoda de lo que parece: ¿y ahora qué?

Porque “estar lleno” es de las palabras más fáciles de presumir y, a la vez, de las más difíciles de explicar bien. Y como empresa B, explicarlo bien es parte de nuestro trabajo.

Conviene empezar por desconfiar del propio dato. En el coworking, la ocupación es una métrica tramposa: mide lo lleno que está un espacio en un momento concreto, pero no dice nada sobre si ese espacio es saludable. Un centro puede ir al 90% reciclando clientes de paso, llenando cada hueco con el siguiente que entra. Eso no es una comunidad; es un molino de membresías.

Y hay un problema que dice mucho del sector: no existe una forma fiable de saber cuál es la ocupación media “real” del coworking en España. Las cifras que circulan salen de encuestas voluntarias en las que cada operador reporta sus propios números, sin que nadie los audite. Así que preferimos no escudarnos en una comparación que no podríamos defender. Nos quedamos con lo que sí podemos demostrar: llevamos dos meses al 100%. Pero ni siquiera ese es el dato que de verdad importa, porque lo que mide la salud de un espacio no es lo lleno que está, sino si la gente se queda. Y aquí nuestros números cuentan otra historia:

  • Permanencia media de 3,9 años. Y es una cifra conservadora: la calculamos sobre todos los contratos de los últimos diez años, lo que incluye a clientes que acaban de llegar y todavía no han completado su estancia. Esos contratos jóvenes tiran del promedio hacia abajo. Con el tiempo, el número solo puede crecer.
  • Valoración de 4,8 sobre 5 en nuestras encuestas internas y de 4,9 en las reseñas de Google.

Para ponerlo en contexto: las plataformas que miden la actividad real de miles de espacios en todo el mundo —con datos operativos, no encuestas— sitúan la permanencia media del sector en torno a los 13 meses; e incluso los operadores más pequeños y fieles, que son los que más retienen, no pasan de los 19 o 20 meses de media. Nuestros 3,9 años —casi 47 meses— multiplican por más de dos esa mejor referencia del sector.

Lo interesante no es ninguno de estos números por separado, sino cómo encajan. La gente está muy satisfecha (4,8 / 4,9), por eso no se va (3,9 años), por eso el centro se llena y no se vacía (100%). Una cosa explica la siguiente. No es una lista de logros: es una cadena con lógica interna.

¿Por qué publicamos estos números?

Podríamos quedarnos en el titular —“estamos llenos”— y dejarlo ahí. Si enseñamos lo de detrás es por una razón concreta: ser una empresa B nos obliga a tener indicadores y a rendir cuentas con ellos. A partir de ese marco hemos desarrollado nuestros propios KPIs. No medimos la permanencia, la satisfacción y la ocupación para presumir, sino porque nos hemos comprometido a demostrar lo que decimos. De hecho, en nuestra web puedes descargar todos los indicadores que publicamos, con total transparencia.

Estar al 100% de ocupación, y de gente satisfecha que no se plantear irse, nos coloca ante una decisión que el manual del capitalismo de toda la vida resuelve en dos movimientos automáticos:

  1. Subir precios. Si hay más demanda que oferta, sube la tarifa y extrae más de cada metro.
  2. Crecer rápido: abrir más espacios, competir en metros cuadrados, ocupar mercado antes que nadie. Eso es justo lo que intentó WeWork desde 2017, hasta que a finales de 2023 se declaró en quiebra. Creció sin medir si el crecimiento tenía sentido.

No tenemos nada en contra de crecer. Tenemos algo en contra de crecer por crecer. Por eso, ante esas dos salidas, en augusta29 nos hemos planteado una tercera.

Nuestra tercera vía

Hemos decidido no subir los precios, y no por gesto, sino por sus consecuencias. Subir la tarifa solo porque hay escasez es lógica extractiva, y su coste recae sobre la gente equivocada. Buena parte de quienes están hoy en augusta29 son pymes que llevan años construyendo aquí su día a día. Una subida pensada para aprovechar que estamos llenos no los echaría de un día para otro, pero, renovación a renovación, empujaría fuera a quienes no pudieran absorberla: justo el tejido local que da sentido a este sitio.

Sus despachos acabarían en manos de quien más pudiera pagar, y nos quedaría una comunidad más cara, más homogénea y menos arraigada en el barrio. Habríamos cambiado relaciones de años y economía local por unos puntos de margen. Para una empresa que se mide por su impacto, ese intercambio no sale a cuenta.

Y hemos decidido que sí vamos a crecer, pero por un motivo distinto y de una forma distinta. Vamos a hacer sitio: no para plantar una bandera en más metros cuadrados, sino porque es la única manera de decir “sí” a más empresas como las que ya forman parte de esta comunidad, sin desplazar a nadie con una subida de precios.

El crecimiento, para nosotros, no es el objetivo: es el medio para extender algo que ya funciona.


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